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A José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco (1939-2014)
Otros se han ido en manojo y de golpe, y ahora tú. Qué necesita de ti la muerte, ¿los poemas, los cuentos, las historias? Yo creo que le hace falta una dosis de  poesía, la luna a cucharadas, como escribiera Jaime Sabines, para que duerma con los ojos cerrados, como soñando, entretejiendo historias y deje en paz a los que bien escriben, a los poetas, a los hombres buenos. Siempre he creído que la muerte no duerme, que no conoce diferencia entre día y noche y que está con los ojos abiertos espiando, atisbando, escuchando lamentos, crujidos, cualquier sonido que sirva de pretexto.

Árbol entre dos muros (fragmento)
Mientras avanza el día se devora.
Y cuando toca la frontera en llamas
empieza a calcinarse. De tu nombre
brotan la luna y su radiante armada...

Ahora que estás cerca de ella, José Emilio, podrás contarle un poco de la historia de México de los años cincuenta, "Las batallas en el desierto", de cuando no teníamos televisión y nuestro entretenimiento llegaba por la radio. ¡Cómo vivimos esa época! Cómo nos encontraban las estrellas con la oreja pegada a la bocina escuchando las aventuras de Chucho el roto y Kalimán, nuestra imaginación era un artefacto contra el aburrimiento y para nuestros padres la radio era también una forma de control: si haces la tarea, si haces los mandados, si me ayudas con... Puedes oír la radio.
Ay, cómo nos llegó de golpe la globalización, así, sin darnos cuenta, y con ella los males comunes: la televisión, el consumismo, la contaminación, la discriminación. 
Qué sabe la muerte de nosotros, qué sabe de lo que nos llega al alma por los ojos.
Árbol (fragmento)
El árbol no conoce la oscuridad.
De noche se enciende
con el verdor hirviente en sus ramas...

José Emilio me llena de admiración, de ternura, de emoción, aunque no lo conocí personalmente, es un regocijo leerlo. Tengo un recuerdo hermoso de su sencillez e inocencia, eso encontré en sus ojos el día que lo vi en televisión cuando le hicieron entrega del premio Cervantes en Madrid. Dijo: "Al amanecer del lunes 30 la voz de la Señora Ministra de Cultura, Doña Ángeles González Sinde, me dio la noticia y me hundió en una irrealidad quijotesca de la que aún no despierto. Por aturdimiento, no por ingratitud, apenas en este día doy gracias al jurado por su generosidad al privilegiarme cuando apenas soy uno mas entre los escritores de este idioma y hay tantas y tantos dignos con mucha mayor justificación que yo de estar entre ustedes."
Ay, José Emilio, no entiendo el mundo, tú con esa humildad con la que te vimos levantarte el pantalón que se te resbaló hasta el suelo, con esa sonrisa apenas dibujada, tu paso lento y ese mirar de niño, te has ido de nosotros, y otros que no merecen estar, siguen aquí causando tanto y tanto dolor.
¿Qué le pasa a la muerte? Quizá le hagan falta unas cuantas gotas de luna en los ojos para deshacer sus  nubes de confusión.
Este poema de José Emilio nada tiene de confuso y es como si lo hubiera escrito para ahora, después de irse. El es el sol.
Mañana
El alba está lejana.
No sé qué busca el pájaro
entre la noche densa.
Habla, murmura, insiste.
Se acerca a la ventana.
Dice que el Sol no ha muerto
y existe otro mañana.

Que bueno es leer el último verso. Me da esperanza, ahora que tanta falta nos hace.
Gracias, José Emilio.

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